Historia
Sartajada: Tranquilidad entre arroyos y dehesas
Desde el Paleolítico Inferior, en nuestro pueblo han estado presentes varias civilizaciones.
Los vetones habitaron la comarca desde la II Edad de Hierro (500 A.C.) hasta la llegada de los romanos, conservándose de estos últimos el puente que cruza la garganta de Torinas. La presencia de romanos y visigodos se solapó, hasta que los musulmanes tomaron estos territorios poco después del año 711. Perdura en nuestro municipio la atalaya de Carrabola (eso dicen, aunque nadie la sabe ubicar o decir si la ha visto, lo que si existe es el cerro Carrahola o Carrabola, que según indican en el libro “Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval” en su capítulo “La fortificación en el Valle del Tajo y el alfoz de Talavera entre los siglos XI y XV” de Cesar Pacheco Jiménez, es la “forma desviada de Calahorra (ar. qalahurra), que en este caso parece cumplir funciones de atalaya frente a otras acepciones. En El Libro de la Montería se menciona «et al otra desde Torinas por las veredas que entran del Iglejuela hasta Navapalaciana. Et son las armadas a una en las Canadiellas que entre la Calahorra et la Guijosa»), una de las utilizadas para evitar la reconquista cristiana que culminó finalmente en el siglo XI, bajo el reinado de Alfonso VI.
Sartajada perteneció al señorío de Navamorcuende desde que fue fundado en el 1276, existiendo en nuestra iglesia varios escudos de su señor, Hernán Gómez Dávila. Continuó bajo dicho señorío hasta el año 1669, en que firma con ésta una escritura de Concordia fijando sus términos jurisdiccionales, siendo ya entonces Villa independiente.
Sartajada se ubica a caballo entre las comunidades autónomas de Castilla-La Mancha y Castilla y León, lindamos con los términos municipales de Lanzahita, en la provincia de Ávila y Buenaventura, La Iglesuela, Almendral de la Cañada y Navamorcuende, en la de Toledo.
Los 115 kilómetros cuadrados que posee nuestro municipio como extensión presentan montes y suaves ondulaciones, que se precipitan en leve descenso hacia el río Tiétar, que ejerce de límite del municipio por el norte. Nuestros paisajes están surcados por profundas gargantas, labradas por los arroyos a lo largo de milenios, y los fértiles valles han propiciado el desarrollo de una próspera agricultura y ganadería, que han modificado la estructura del bosque original formando valiosos paisajes adehesados.
El origen del nombre de Sartajada puede proceder del término Xaratajada, como atestiguan documentos del Siglo XIV. Tendría su raíz en Xara Tajada (jara cortada), que podría provenir de Xara Descajada (jara desgajada), topónimo reflejado en el Libro de la Montería de Alfonso XI, y que hace referencia a un lugar ocupado por manchas de monte separadas entre sí. Pero también se relaciona con sartín, un tipo de plata de baja calidad. Este mineral se extraía de un lugar cercano al pueblo, denominado La Mina, en la falda del paraje conocido como Los Guijos, debido a las piedras desnudas que permanecen tras la extracción minera.
La casa más antigua está fechada en 1750, y está situada en la plaza de la Constitución, y dispone de dos enormes ménsulas abulenses, restos de un antiguo balcón.
Uno de los acontecimientos que más han marcado la historia de nuestra villa fue la emigración acontecida durante finales del siglo XIX y primer cuarto del XX, que siguió en los años 60 y 70, y que provocó un gran descenso poblacional.
Historia recopilada por Rafael Abienzo Gómez
¿Quién es Rafael Abienzo Gómez?
“Breve apunte histórico”
La historia de la villa de Sartajada, nace y se desarrolla hasta el siglo XVIII al compás de la rica historia de la de Navamorcuende.
Ya en la carta de donación y repoblación que concedía el Concejo de Ávila el 2 de noviembre de 1276 al caballero abulense, Blasco Ximeno, Sartajada se incorpora a la historia, primero como un lugar señalado así, ya en el documento citado, que entre otras cosas dice: “y desde la carrera que va a Talavera, atravesando Toriñas, garganta abajo a dar a Sartaxasa y Tietar abajo, hasta Buenaventura...”
Comienza sus orígenes como puesto adelantado del señorío, la frontera con el Tietar debía ser vigilada desde Sartajada y Buenaventura, con asentamiento primero de vasallos del señorío y más tarde con familias de la villa de Navamorcuende a quienes el señor les cedía tierras de cultivo y pastos asegurándose así la continuidad y defensa de estas tierras por posibles invasores.
Posiblemente en el siglo XVI se construyese su iglesia, cuyo patronazgo perpetuo siempre perteneció, primero a los señores de Navamorcuende y a partir del 1674 la marques D. Diego Dávila Coello y Pacheco, ello lo demuestra el escudo esculpido en piedra de la Casa Dávila que lo componen “seis roeles de azur, colocados a dos palos de tres”.
Fue también muy posible que el impulsor de la obra fuese D. Enrique Dávila XIV señor de Navamorcuende y que así mismo como ocurriera con las iglesias de la Cabeza de Estado y Buenaventura interviniesen en dicha obra canteros del valle del Tiétar. Estuvo su iglesia siempre dedicada a la advocación del Apóstol Santiago, como así aparece en las relaciones del Cardenal Lorenzana. Según se desprende del Archivo Obispal de Ávila tuvo en su seno varias capellanías y algunas hermandades como la del Cristo de la Vera Cruz y de Animas.
Anécdota muy curiosa es, que a tal lugar de Sartajada, casi siempre, el santo Oficio del Tribunal Inquisitorial de Toledo, desterraba a los reos de tales penas a dicho lugar y es curioso como en una ermita extramuros que había “a media legua de la villa de Navamorcuende” dedicada a San Sebastián la justicia de la villa cedía a la del lugar del reo, bajo el juramento de no dejarlo ir y vigilarlo mientras cumplía la condena.
En el siglo XVIII, Sartajada se separó de la villa de Navamorcuene no sin antes haber habido un largo pleito por la partición jurisdiccional en la que tuvo que tomar parte la Real Cancillería sede del Consejo Real en Valladolid.
El Consejo Real en 1783 arbitra la separación jurisdiccional con apercibimiento a los dos Concejos que el pago de las costas, dietas y demás gastos… “han de repartirse entre ambas partes, al igual”.
Tuvo desde el siglo XVI escribano público del número, según consta en el Archivo Provincial de Toledo (Casa de la Cultura).
Lo que no tuvo nunca, siempre dependió de Navamorcuende, cura propio.
En el catastro Marques de la Ensenada en el siglo XVII contaba Sartajada con tres alfarerías, una herrería, un horno “de pan cocer” y una abacería.
De importancia a resaltar a través de la historia de Sartajada es el trabajo artesanal de alfarería, que es muy difícil de ver, de oncilogar en los conocidos. La técnica del vidriado y del mate enjugan en su artesanía la manera excepcional de los artesanos de este pueblo.